El gobierno del expresidente Donald Trump desató una nueva controversia internacional tras emitir una proclamación que impone una serie de restricciones migratorias, que van desde prohibiciones absolutas hasta limitaciones parciales para ciudadanos de 19 países. La medida, justificada por motivos de seguridad nacional, ha generado una fuerte reacción por parte de varios gobiernos, especialmente en América Latina, África y Medio Oriente.
La proclamación incluye a 12 países cuyos ciudadanos tienen ahora prohibido completamente el ingreso a Estados Unidos, mientras que otros siete, entre ellos Cuba y Venezuela, enfrentarán restricciones parciales. Las autoridades estadounidenses citan razones como la falta de cooperación en el intercambio de datos sobre viajeros, así como altos índices de personas que permanecen en el país una vez vencidas sus visas.
Venezuela y Cuba alzan la voz
El anuncio provocó una respuesta inmediata de Caracas. Diosdado Cabello, ministro del Interior de Venezuela, denunció la medida como un acto hostil: “Estar en Estados Unidos es un riesgo, no solo para los venezolanos, sino para cualquier ciudadano del mundo. Es un régimen fascista que persigue sin motivo”. La reacción del gobierno cubano fue igualmente contundente. Bruno Rodríguez, canciller de la isla, acusó a Washington de actuar por motivos racistas y por presiones de sectores anticubanos. “Estas restricciones afectan directamente a las familias cubanas y a los intercambios entre ambos pueblos”, señaló en redes sociales.
Carlos Fernández de Cossío, viceministro de Exteriores cubano, añadió que la medida “atenta contra los lazos familiares, académicos y culturales” y responsabilizó a los políticos cubano-estadounidenses por respaldar lo que calificó de una ofensiva contra la comunidad cubana.
Respuestas divergentes en África y Asia
La reacción no fue uniforme en todos los países afectados. Somalia, por ejemplo, adoptó una postura más conciliadora. El embajador somalí en Washington, Dahir Hassan Abdi, expresó la voluntad de su país de colaborar con EE.UU. para abordar las preocupaciones de seguridad. Sin embargo, otros países africanos expresaron desconcierto y molestia, como Chad, cuyo presidente, Mahamat Déby, anunció que suspenderá la emisión de visas para estadounidenses en reciprocidad. “No tendremos recursos como otros, pero tenemos dignidad”, sentenció.
La Unión Africana también se pronunció, reconociendo el derecho soberano de los Estados a proteger sus fronteras, pero cuestionando el carácter generalizado y unilateral de las restricciones. Pidió a Washington adoptar criterios más equilibrados y dialogar con los países afectados antes de tomar este tipo de decisiones.
Críticas desde la sociedad civil
Organizaciones humanitarias y defensores de derechos humanos han condenado la medida. Desde Amnistía Internacional hasta Oxfam, la calificación es unánime: discriminatoria y cruel. “Prohibir el ingreso a personas por su nacionalidad no mejora la seguridad; solo promueve el odio y la desinformación”, declaró Amnistía.
Casos como el de Afganistán han resultado particularmente sensibles. “Excluir a quienes colaboraron con las fuerzas estadounidenses durante años es una traición”, dijo Shawn VanDiver, líder del grupo #AfghanEvac. Jamal Abdi, presidente del Consejo Nacional Iraní-Estadounidense, advirtió que esta política “revive los peores momentos del veto migratorio de 2017, afectando a miles de familias”.
Haití: la crisis no es sinónimo de amenaza
El caso de Haití también generó polémica. A pesar de la profunda crisis humanitaria y de seguridad que vive el país, expertos señalan que no existen pruebas de que las pandillas haitianas estén usando canales legales para entrar a Estados Unidos. “Asociar la migración haitiana con el crimen organizado es absurdo y profundamente injusto”, señaló Renata Segura del International Crisis Group.
Esta nueva ronda de restricciones migratorias revive el debate sobre el equilibrio entre seguridad nacional y derechos humanos, y plantea interrogantes sobre los criterios empleados para seleccionar a los países afectados. Mientras tanto, la indignación de varias naciones sugiere que las consecuencias diplomáticas de esta decisión podrían extenderse mucho más allá de las fronteras estadounidenses.








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