Mientras miles de soldados desfilaban por la Avenida Constitución en Washington D.C., en un evento que celebraba el aniversario del Ejército estadounidense, manifestantes se tomaban las calles en distintas ciudades del país para expresar su rechazo a las políticas y estilo de liderazgo del presidente Donald Trump.
El desfile militar, que incluyó más de 6,000 efectivos y 128 tanques, se llevó a cabo este sábado bajo una tenue llovizna y cielos nublados, en el marco de la conmemoración por los 250 años del Ejército. Trump, quien cumplía 79 años, presidió el evento desde una tribuna especial cercana a la Casa Blanca, saludando a las tropas y destacando el poderío militar estadounidense.
“Otros países celebran sus logros militares. Ya era hora de que nosotros también lo hiciéramos”, dijo el presidente al término del desfile, donde también tomó juramento a 250 nuevos reclutas.
La idea de este tipo de desfile no es nueva para Trump. Inspirado por una celebración militar en París en 2017, había intentado organizar algo similar desde su primer mandato, aunque los planes no se concretaron hasta ahora. El acto incluyó una demostración aérea, aunque algunos sobrevuelos fueron cancelados por condiciones climáticas, y la presentación de músicos como Warren Zeiders y Lee Greenwood.
No obstante, fuera del ambiente festivo en la capital, el país vivía una jornada de protesta. Cientos de manifestantes se congregaron en Washington con pancartas que denunciaban lo que consideran tendencias autoritarias del presidente. Entre las consignas más visibles estaban: “No al desfile militar fascista de Trump” y “Sin reyes”. Marionetas satíricas, banderas del orgullo LGBTQ+ y mensajes en contra de las redadas migratorias también formaron parte de la protesta.
Manifestaciones similares ocurrieron en otras ciudades, destacando la tensión en Los Ángeles, donde el despliegue de marines y Guardia Nacional en medio de las protestas provocó enfrentamientos. La policía montada intervino para dispersar a los manifestantes con gases lacrimógenos y proyectiles no letales.
Críticas al gasto del desfile —estimado en hasta 45 millones de dólares— y al uso de vehículos pesados en calles urbanas también fueron parte del debate. Aunque el evento atrajo a seguidores del presidente, como veteranos y ciudadanos simpatizantes, la asistencia fue menor de lo esperado y algunas encuestas revelan que una mayoría considera que no fue un uso adecuado de los recursos públicos.
El presidente, sin embargo, mantuvo el enfoque en el orgullo nacional y la fortaleza militar, en un contexto donde su estilo de gobierno sigue polarizando al país. Entre aplausos, juramentos militares, fuegos artificiales y protestas callejeras, Estados Unidos vivió un día que reflejó tanto su poder como sus profundas divisiones internas.






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