Este sábado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que su país lanzó una ofensiva contra tres instalaciones nucleares clave en Irán: Fordo, Natanz e Isfahán. La operación fue confirmada por las autoridades iraníes.
A través de su red Truth Social, Trump declaró que “la misión fue un éxito total” y que todos los aviones participantes ya habían abandonado el espacio aéreo iraní. Más tarde, en un mensaje televisado, el mandatario aseguró que el objetivo fue desmantelar la capacidad iraní para enriquecer uranio y frenar lo que calificó como “la amenaza nuclear del principal patrocinador del terrorismo mundial”.
El canciller iraní Abbas Araghchi condenó la ofensiva, tachándola de una “grave violación” al derecho internacional y al Tratado de No Proliferación Nuclear. “Estos hechos no quedarán sin respuesta”, advirtió, al tiempo que Irán afirmó su derecho a defender su soberanía.
Según confirmaron Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, los ataques fueron realizados en coordinación con Israel. “Actuamos como un equipo perfectamente sincronizado”, señaló Trump, mientras Netanyahu elogió la decisión y recordó su lema compartido: “La paz se logra con fuerza”.
El secretario de Defensa estadounidense, Peter Hegseth, informó que se utilizaron bombarderos B-2 Spirit para lanzar las bombas “rompebúnkeres” GBU-57A/B, diseñadas específicamente para penetrar estructuras subterráneas profundas como las de Fordo. Esta arma, de 13,600 kilos, es exclusiva de Estados Unidos y solo puede ser transportada por este tipo de aeronaves.
La operación, bautizada como “Martillo de Medianoche”, marcó el primer uso operativo del MOP y la misión de vuelo más larga de un B-2 desde 2001. Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, reveló que el ataque fue planeado con extremo secreto y que se ejecutó entre las 18:40 y 19:05, hora del Este. Según Caine, Irán no detectó a tiempo la incursión ni respondió con fuego.
Aunque el ataque fue devastador para la infraestructura nuclear iraní, Hegseth aseguró que no se dirigió contra el pueblo iraní ni contra las fuerzas armadas del país, y reiteró que no busca provocar un cambio de régimen.
No obstante, la intervención estadounidense podría provocar una escalada peligrosa en el conflicto entre Irán e Israel. “Si Irán no elige la paz, las próximas acciones serán más contundentes”, advirtió Trump en su alocución. Recordó los ataques pasados atribuidos a Irán y prometió no permitir que se repitan.
Desde Teherán, las autoridades iraníes confirmaron explosiones en las cercanías de las plantas atacadas, aunque la televisión estatal intentó minimizar el impacto, asegurando que las instalaciones ya habían sido evacuadas y los materiales sensibles retirados.
La comunidad internacional expresó preocupación. El secretario general de la ONU, António Guterres, alertó sobre el riesgo de una escalada incontrolable. Mientras tanto, líderes latinoamericanos como Gabriel Boric (Chile) y Miguel Díaz-Canel (Cuba) condenaron el uso de la fuerza contra instalaciones nucleares.
En EE.UU., la decisión de Trump dividió opiniones. Legisladores demócratas acusaron al presidente de actuar sin autorización del Congreso, mientras que sus aliados republicanos defendieron la ofensiva como una respuesta necesaria.
Ahora, la atención se centra en cómo responderá Irán y si esta acción abrirá un nuevo capítulo de inestabilidad en una región ya al borde del colapso.







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