El conflicto entre Irán y Estados Unidos ha escalado a un nuevo nivel tras el bombardeo estadounidense del domingo contra instalaciones nucleares iraníes. La comunidad internacional observa con inquietud los movimientos de Teherán, cuya respuesta, aseguran sus líderes militares, será “contundente”.
Aunque el líder supremo, ayatolá Alí Jamenei, aún guarda silencio, las advertencias no se han hecho esperar. En un video difundido el lunes por medios estatales, el ministro de Defensa, Amir Hatami, aparece en una sala de operaciones asegurando que “cada crimen de Estados Unidos contra Irán ha tenido una respuesta firme, y esta vez no será diferente”.
Otros altos mandos se han sumado a la retórica desafiante. El jefe del Estado Mayor, Abdolrahim Mousavi, señaló que las fuerzas armadas tienen carta blanca para responder como consideren necesario, insistiendo en que Irán “jamás se rendirá”.
Más directo fue Ebrahim Zolfaghari, vocero de la Guardia Revolucionaria, quien acusó a Washington de haber cruzado una línea al “pisar suelo sagrado iraní”. Desde un podio, y en un tono desafiante, lanzó un mensaje en inglés dirigido al expresidente Trump: “Señor Trump, el apostador… puede que usted inicie esta guerra, pero seremos nosotros quienes la terminemos”.
Escenario incierto
Expertos militares estadounidenses consideran que una respuesta iraní es inevitable. Según el teniente general retirado Mark C. Schwartz, Irán podría utilizar a sus aliados regionales para atacar posiciones estratégicas. Las bases militares estadounidenses en Irak, Siria y Jordania son las más vulnerables, dada su cercanía y exposición.
Kata’ib Hezbolá, milicia chiita aliada de Irán en Irak —catalogada como grupo terrorista por EE.UU. desde 2009— figura como uno de los posibles brazos ejecutores de esta represalia. También podrían participar los hutíes en Yemen, otro aliado fiel del régimen iraní.
Trump agita el tablero político
Mientras tanto, desde Washington, Donald Trump avivó la tensión con un polémico mensaje en redes sociales. En su estilo característico, escribió: “Si el actual régimen iraní no puede HACER A IRÁN GRANDE OTRA VEZ, ¿por qué no hablar de un cambio de régimen?”.
Sus palabras contrastan con las declaraciones más cautas del Pentágono. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, aseguró que el ataque no fue motivado por deseos de derrocar al gobierno iraní, y el vicepresidente J. D. Vance reafirmó que Estados Unidos no busca imponer un nuevo liderazgo en Teherán.
Elliott Abrams, exenviado especial de EE.UU. para Irán, dijo a la BBC que Trump “probablemente bromeaba”, aunque admitió que sus comentarios han generado confusión dentro y fuera del país.
Con los ánimos encendidos y una región que ya vive en constante tensión, la pregunta no es si Irán responderá, sino cuándo y cómo lo hará. El reloj geopolítico del Medio Oriente vuelve a correr peligrosamente rápido.






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