Takahiro Shiraishi, apodado por los medios como el “asesino de Twitter”, fue ejecutado este viernes en Tokio tras ser condenado a muerte por uno de los crímenes más perturbadores en la historia reciente de Japón. El caso, que generó una profunda conmoción en 2017, involucró el asesinato y desmembramiento de nueve personas, en su mayoría mujeres jóvenes que habían manifestado pensamientos suicidas en redes sociales.
El Ministerio de Justicia confirmó la ejecución, llevada a cabo en secreto como es habitual en el sistema penitenciario japonés. Shiraishi, que tenía 27 años al momento de los asesinatos, contactó a sus víctimas a través de Twitter, ofreciéndose a “ayudarlas” a morir. Pero su macabra promesa escondía intenciones aún más siniestras: tras ganarse su confianza, las agredió sexualmente, las asesinó y escondió sus restos en refrigeradores en su apartamento en la ciudad de Zama, a las afueras de Tokio.
Entre las víctimas se encontraban tres adolescentes, cinco mujeres adultas y un hombre, este último pareja de una de las mujeres asesinadas, a quien Shiraishi eliminó para evitar ser descubierto.
El ministro de Justicia, Keisuke Suzuki, defendió la ejecución señalando que se trataba de un caso “de una gravedad extrema que causó un profundo impacto en la sociedad japonesa”. Suzuki reveló que firmó la orden de ejecución a principios de la semana, aunque no asistió al acto.
La pena de muerte sigue siendo un tema controvertido en Japón, aunque cuenta con un respaldo mayoritario entre la población. Actualmente, hay 105 presos en el corredor de la muerte en el país, y casi la mitad de ellos han solicitado un nuevo juicio. A pesar de la presión internacional para eliminar la pena capital, Japón y Estados Unidos son los únicos países del G7 que aún la aplican.
Desde 2007, el gobierno japonés informa los nombres y algunos detalles de quienes son ejecutados, aunque el proceso sigue siendo altamente reservado: los condenados no saben el día exacto de su ejecución hasta pocas horas antes.
El caso Shiraishi reabrió el debate sobre salud mental, redes sociales y el uso de la pena de muerte en Japón, un país con una baja tasa de criminalidad pero donde algunos crímenes han generado un gran revuelo en los últimos años.







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