En medio de una profunda crisis política y social, la presidenta de Perú, Dina Boluarte, se ha colocado nuevamente en el centro de la controversia tras autorizar un incremento de su salario en un 125%. Con esta medida, su sueldo mensual supera ahora los 10 mil dólares, una cifra que representa más de 31 veces el salario mínimo en el país.
El aumento ha generado indignación entre la ciudadanía. Según una encuesta del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) realizada en mayo, el 94% de los peruanos se oponen a que la mandataria reciba un mayor sueldo. El descontento no es nuevo: Boluarte figura con apenas un 3% de aprobación, de acuerdo con una encuesta de Datum Internacional publicada en junio por el diario El Comercio, situándola como la presidenta más impopular en más de 25 años.
La modificación salarial fue aprobada en una reunión del Consejo de Ministros. Raúl Pérez, secretario de Economía, justificó la decisión alegando que se aplicó una metodología comparativa basada en los ingresos presidenciales en dólares de 12 países de América Latina. Cabe destacar que el salario presidencial en Perú no había sido alterado desde 2011, cuando los jefes de Estado ganaban alrededor de 4,300 dólares.
Las reacciones no se hicieron esperar. El congresista opositor Alex Flores criticó duramente la decisión: “Mientras el país se desmorona por la inseguridad y la corrupción, Boluarte se sube el sueldo”. Por su parte, la legisladora Ruth Luque exigió la anulación inmediata de la medida y recalcó que los recursos públicos deben priorizar la salud, la educación y las necesidades más urgentes de la población.
La indignación aumenta si se considera que, a inicios de 2024, Boluarte afirmó ante un grupo de mujeres de ollas comunes que era posible preparar un almuerzo completo con tan solo 10 soles (aproximadamente 2.8 dólares), destacando la creatividad de las peruanas frente a la escasez. “Así somos las mujeres”, dijo entonces. Hoy, esas palabras resuenan con ironía entre quienes ven su aumento de sueldo como una desconexión total con la realidad del país.






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