Desde que Robert F. Kennedy Jr. asumió como secretario de Salud de EE.UU., ha dejado claro que su misión es ambiciosa: mejorar la salud de una nación donde, según él, “el 60% de la población solo sueña con estar mejor”.

Con un tono combativo y frases impactantes, Kennedy ha convertido la lucha contra las enfermedades crónicas en el eje de su agenda. Obesidad, diabetes, problemas cardíacos… para él, estas condiciones no son solo desafíos médicos, sino síntomas de un sistema roto. Muchos expertos coinciden en que es hora de actuar, pero la forma en que Kennedy lo está haciendo ha desatado una fuerte controversia.

Reformas drásticas y críticas encendidas

Una de sus primeras acciones fue recortar miles de empleos en el Departamento de Salud y cerrar programas clave de los CDC. Para algunos, es un movimiento audaz que busca renovar estructuras ineficientes. Para otros, como la profesora Marion Nestle, es una contradicción: “¿Cómo puede combatir enfermedades sin el apoyo de un sistema de salud pública fuerte?”.

Kennedy ha sido señalado por difundir ideas sin respaldo científico, como teorías sobre el COVID-19 y afirmaciones polémicas sobre químicos que, según él, afectarían la identidad de género. Esto ha hecho que parte del mundo médico lo vea con desconfianza. Sin embargo, incluso sus críticos reconocen que ha logrado algo poco común: poner el foco en problemas ignorados durante años.

En la mira: la industria alimentaria

Kennedy ha tomado como blanco a las grandes empresas de alimentos. Según él, están “envenenando a los niños” con aditivos que ya han sido prohibidos en otros países. Su prioridad: eliminar para 2026 los colorantes artificiales derivados del petróleo, como el Rojo 40 o el Verde 3, relacionados con hiperactividad infantil y otros riesgos.

Su presión parece estar dando frutos: marcas como PepsiCo ya anunciaron que retirarán estos ingredientes. Además, ha respaldado leyes estatales que exigen advertencias claras en productos con sustancias cuestionadas. Aunque estas medidas generan preocupación en la industria, Kennedy insiste en que solo buscan proteger al consumidor.

El eterno debate de las vacunas

Uno de los temas más sensibles en su historial es su postura frente a las vacunas. Aunque afirma que no es antivacunas, ha sido una figura clave del movimiento escéptico. Ha elogiado al desacreditado Andrew Wakefield y cuestionado la seguridad de varias inmunizaciones.

Recientemente, despidió al comité asesor de vacunas de los CDC y lo reemplazó por un grupo más pequeño y cercano a su administración. También se canceló un acuerdo con Moderna sobre una vacuna contra la gripe aviar, y se han endurecido las reglas para aprobar nuevas vacunas.

Pese a esto, Kennedy asegura que no quitará vacunas a nadie. De hecho, apoyó públicamente la vacuna triple vírica durante un brote de sarampión. Aun así, sus acciones siguen sembrando dudas entre los expertos.

Autismo: entre el escepticismo y la esperanza

Otro de sus anuncios más controvertidos fue la decisión de investigar si hay una conexión entre vacunas y autismo, una teoría ampliamente desacreditada por la ciencia. El nombramiento de David Geier, un crítico de las vacunas, para liderar esta revisión ha causado preocupación.

Kennedy asegura que el aumento de casos de autismo no puede explicarse solo por un mejor diagnóstico. Lo atribuye a toxinas ambientales y prometió resultados antes de 2026. Sus comentarios, sin embargo, han sido criticados por expertos y miembros de la comunidad autista por perpetuar estigmas.

¿Un reformador necesario o un riesgo para la salud pública?

A pesar de sus posturas divisivas, Kennedy ha logrado abrir debates urgentes: la calidad de los alimentos, el papel de las farmacéuticas, la transparencia en la salud pública. Tiene el respaldo del presidente Trump y de una parte del electorado que ve en él a un luchador contra la corrupción.

Pero su estilo confrontativo y su historial de declaraciones sin base científica generan dudas sobre los efectos a largo plazo de su gestión.

“Es un mensajero imperfecto”, resume Jerold Mande, exasesor federal en salud pública. “Tiene razón en señalar problemas graves, pero si no se basa en evidencia, puede empeorar las cosas”.

Por ahora, lo cierto es que Kennedy ha puesto en el centro del debate temas que llevaban años en segundo plano. Si su enfoque será un punto de inflexión o una advertencia más, solo el tiempo lo dirá.

Deja un comentario

Tendencias