Adolfo Macías, más conocido por su alias “Fito”, alguna vez fue un mecánico y taxista en Manta, una ciudad costera del centro de Ecuador. Hoy, enfrenta posibles décadas tras las rejas en una cárcel estadounidense, acusado de ser una figura clave en el tráfico internacional de drogas y armas.
El lunes, el líder de la temida banda Los Choneros compareció ante un tribunal federal en Nueva York, donde se declaró “no culpable” de los cargos. Pero su historia está marcada por una cadena de violencia, corrupción y notoriedad que trasciende fronteras.
Su ascenso desde los barrios marginales hasta la cúspide del crimen organizado en Ecuador estuvo acompañado por una reputación que combinaba brutalidad, ostentación y poder. Con su complexión robusta y cabellera desordenada, Fito se volvió internacionalmente famoso en 2024, tras escapar de una prisión de máxima seguridad en Guayaquil, donde cumplía una condena de 34 años por delitos que incluían asesinato, narcotráfico y crimen organizado.
La fuga desencadenó una serie de ataques que dejaron al país sumido en el caos: motines, atentados, secuestros de funcionarios penitenciarios y hasta la invasión de un canal de televisión durante una transmisión en vivo. El gobierno de Daniel Noboa respondió declarando un “conflicto armado interno”, una medida sin precedentes en la historia reciente del país.
La captura de Macías en junio de 2025, en su ciudad natal, representó un triunfo clave para el presidente Noboa, quien lo calificó como su “trofeo” en la lucha contra el narcotráfico. El mandatario impulsó un referendo en 2024 que reactivó la posibilidad de extraditar a ciudadanos ecuatorianos, facilitando así el envío del capo a Estados Unidos.
Vestido con chaleco antibalas y escoltado por agentes federales, Macías fue extraditado el domingo desde Guayaquil. Su llegada a Nueva York fue seguida de una audiencia donde, pese a su sonrisa relajada, quedó claro que enfrenta un proceso judicial serio: los fiscales estadounidenses lo señalan como un criminal despiadado, líder de una red que opera desde Suramérica hasta Europa y Estados Unidos.
La DEA lo acusa de intentar inundar el territorio norteamericano con cocaína mientras armaba a su organización con sofisticado armamento ilegal. Enfrenta cargos que podrían traducirse en cadena perpetua, sin derecho a libertad bajo fianza, por considerarse de “alta peligrosidad” y con alto riesgo de fuga.
Según InSight Crime, Los Choneros supervisan el paso de grandes cargamentos de droga desde Colombia, utilizando embarcaciones rápidas para llevar la mercancía a México y Centroamérica, desde donde se distribuye a otros mercados.
Pero Fito no era solo un narcotraficante. Dentro de las cárceles ecuatorianas —que controlaba con mano de hierro— organizaba fiestas con música en vivo, fuegos artificiales y hasta grababa videos musicales. En uno de ellos, aparece acariciando un gallo de pelea mientras su hija le canta un narcocorrido, símbolo de su narco-cultura y culto personal.
Su celda, decorada con imágenes de armas, dólares y leones, representaba el poder que ejercía desde la prisión. Hoy, ese poder parece estar llegando a su fin.
El mensaje del presidente Noboa fue contundente: “Hasta nunca, Fito”, escribió en la red social X tras la extradición, marcando un capítulo decisivo en su política de mano dura contra el crimen organizado.







Deja un comentario