El cielo nublado sobre El Manguito, no impidió que niños, jóvenes y comunitarios se reunieran en el Club Deportivo y Cultural del sector, ansiosos por ver el resultado de una promesa convertida en realidad. En medio de aplausos y cámaras, el administrador general del Banco de Reservas, Samuel Pereyra, caminaba sobre el asfalto recién colocado, con una mezcla de orgullo y satisfacción.
No era una visita más. Para él, este momento tenía una carga especial.
“Cuando trabajaba con el equipo de Banreservas, una de las canchas que siempre mencionaba era la del Manguito. Dije: ‘Este es uno de los espacios que tenemos que intervenir’”, recordó Pereyra con emoción.
Y no exageraba. El club deportivo del Manguito, ahora parte del proyecto Juega RD, fue transformado de punta a punta: se asfaltó la zona de juego, se pintaron las líneas, se colocaron bancos nuevos, se erigieron gradas y se reconstruyeron los baños exteriores que antes eran apenas un depósito. Un mural le da vida a las paredes, mientras que el centro comunal de dos niveles, con ventanas, pisos nuevos y climatización, se convierte en un espacio digno para encuentros comunitarios.
Pero más allá del cemento, la pintura o la electricidad modernizada, lo que más celebraba Samuel Pereyra era el espíritu que impulsa esta iniciativa.
“Juega RD no es simplemente una plataforma para construir canchas… es una plataforma para construir sueños, para hacer realidad espacios donde los jóvenes puedan jugar, compartir en familia y crecer en un ambiente sano”, dijo, mirando con atención cómo los niños ya comenzaban a reunirse en la cancha.
La entrega de El Manguito representa la cuarta intervención del programa Juega RD, impulsado por Banreservas. Y aunque puede parecer solo una obra más, para los vecinos del sector significa esperanza, pertenencia y futuro.
“Este es un lugar donde se ve el cambio. Gracias al trabajo de hombres y mujeres del banco, hoy el Manguito tiene un nuevo corazón deportivo”, cerró Pereyra.
Y así, entre tiros al aro, selfies y sonrisas, El Manguito volvió a latir con fuerza, con el eco de una frase que resonará por mucho tiempo: “Aquí se construyen sueños”.











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