Casi ocho décadas después de que Winston Churchill advirtiera sobre la caída de una “cortina de hierro” en Europa, la historia parece dar un giro inesperado. Hoy no es Moscú quien la baja, sino los países europeos quienes comienzan a construir la suya, en forma de fortificaciones, muros de drones y obstáculos militares a lo largo de las fronteras con Rusia y Bielorrusia.

Con la guerra en Ucrania aún en curso y una creciente desconfianza hacia el Kremlin, los países del flanco oriental de Europa están reforzando sus defensas a un ritmo acelerado. La arquitectura de seguridad que se construyó en Europa tras la Guerra Fría —basada en tratados, cooperación internacional y respaldo militar de EE.UU.— se ha visto cada vez más frágil.

Finlandia toma la delantera

Compartiendo más de 1.300 kilómetros de frontera con Rusia, Finlandia fue uno de los primeros en anunciar, en 2023, la construcción de una barrera fronteriza moderna. Con un presupuesto superior a los 400 millones de dólares, el país nórdico planea cubrir el 15% de su frontera con un muro que estará listo para 2026.

Esta medida, impulsada en parte por la invasión rusa a Ucrania en 2022 y por la llegada de ciudadanos rusos que huyen del servicio militar, va más allá de lo simbólico. En lugar de simples verjas de madera para el ganado, se están instalando vallas metálicas más altas, acompañadas de nuevos puestos de control, incluso en zonas remotas más allá del Círculo Ártico.

Los países bálticos y Polonia no se quedan atrás

Estonia dio el primer paso en 2015, tras la anexión rusa de Crimea, con la propuesta de una valla en su frontera oriental. En 2024, Estonia, Letonia, Lituania y Polonia presentaron un ambicioso plan conjunto: una línea defensiva de casi 700 kilómetros con un costo estimado de 2.700 millones de dólares.

Los gobiernos de estos países temen que un eventual alto al fuego entre Kiev y Moscú permita al Kremlin redirigir sus fuerzas hacia sus fronteras. Ante esta posibilidad, Letonia ha destinado más de 350 millones de dólares a reforzar sus 386 km de frontera con Rusia, y Lituania trabaja en una línea de defensa de 48 km, con fortificaciones, zanjas y planes de demolición de puentes estratégicos en caso de ataque.

Polonia, por su parte, ha iniciado la construcción de una valla permanente en su frontera con Bielorrusia, parte de un proyecto más amplio de defensa territorial denominado “Escudo Oriental”.

Defensas modernas: búnkeres, minas y muros de drones

La estrategia defensiva incluye más que simples vallas. Se están instalando dientes de dragón —estructuras de concreto de 15 toneladas capaces de detener tanques—, zanjas antivehículos, pirámides de hormigón, enrejados de acero, campos minados y obstáculos móviles que pueden desplegarse rápidamente.

Además, se están construyendo más de 1.000 búnkeres a lo largo de la frontera de los estados bálticos. Estas estructuras, de unos 35 metros cuadrados, están diseñadas para proteger hasta 10 soldados de ataques de artillería.

Un paso más allá es la creación del llamado “muro de drones”: una red tecnológica de casi 3.000 kilómetros que cubrirá las fronteras de Noruega, Finlandia, los países bálticos y Polonia. Este sistema, presentado en 2024 durante una reunión en Riga, incluirá sensores, radares y herramientas de guerra electrónica para detectar, rastrear y neutralizar drones enemigos.

Empresas estonias ya están trabajando en drones especializados capaces de operar en terrenos difíciles como bosques, lagos y pantanos.

Lecciones del pasado, ojos en el futuro

Los líderes europeos saben que ninguna muralla es infalible. Recuerdan bien la lección de la línea Maginot, la fortificación francesa que fue burlada por las tropas nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Hoy, la prioridad no es sólo disuadir, sino dificultar y redirigir cualquier intento de invasión rusa.

Por eso, muchos de estos países han comenzado a abandonar tratados internacionales que limitaban su capacidad defensiva. En 2025, Lituania revocó su adhesión al tratado contra bombas de racimo, y otros países anunciaron su retiro del tratado de Ottawa que prohibía las minas antipersonales. Polonia ya ha empezado a incorporar minas en sus planes defensivos.

Mientras Ucrania sigue resistiendo la ofensiva rusa, los países vecinos observan atentamente los movimientos del Kremlin. Nadie puede predecir cuál será el próximo paso de Vladimir Putin, pero lo que sí está claro es que Europa se prepara para lo peor.

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