La nueva serie de Prime Video, The Girlfriend (La novia), basada en la novela de Michelle Frances, ha captado la atención del público con una propuesta que va más allá del clásico conflicto entre suegra y nuera. Aquí, la tensión se construye a partir de dos voces enfrentadas: Laura, una madre sobreprotectora, y Cherry, la joven que irrumpe en la vida de su hijo.
Lejos de presentar a una víctima y una villana, la serie construye un juego de espejos en el que cada capítulo alterna la perspectiva de ambas mujeres. Las mismas escenas se repiten bajo distintos lentes, revelando cómo la verdad puede distorsionarse según quién la cuente. Para Laura, Cherry es una oportunista con dobles intenciones. Para Cherry, Laura es una figura tóxica que busca controlar a su hijo a toda costa.
Este formato genera una atmósfera inquietante, donde el espectador nunca sabe con certeza en quién confiar. A diferencia de otras ficciones de suspenso como You, aquí no hay un narrador absoluto: hay dos versiones en disputa, ambas cargadas de emociones, prejuicios y manipulación.
La serie también plantea una crítica sutil sobre las diferencias de clase: Laura pertenece a un entorno privilegiado, mientras que Cherry proviene de una realidad más modesta. Esa desigualdad es el caldo de cultivo para los malentendidos y la desconfianza que terminan por desatar una guerra emocional sin cuartel.
Con brillantes interpretaciones de Robin Wright y Olivia Cooke, The Girlfriend convierte el espacio doméstico en un campo de batalla psicológico. Sin recurrir a grandes giros sobrenaturales o clichés del thriller, apuesta por una narrativa donde la duda es protagonista, y donde el público debe decidir a quién creer.
Más que una historia de amor o celos familiares, esta serie es un estudio sobre cómo el poder, el resentimiento y la percepción pueden deformar la realidad.






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