Las autoridades malasias continúan la búsqueda de centenares de personas desaparecidas tras el naufragio de una embarcación con refugiados rohinyás cerca de la isla de Langkawi, en el mar de Andamán. Hasta el momento, los equipos de rescate han salvado a 13 supervivientes y recuperado siete cuerpos, mientras las operaciones se extienden sobre un área de más de 580 kilómetros cuadrados.

Según los primeros informes, el grupo de pasajeros habría sido dividido en tres embarcaciones más pequeñas cuando se acercaban a la costa malasia, en un intento por eludir los controles de las autoridades. El paradero de las otras dos naves sigue siendo desconocido.

Imágenes difundidas por la Agencia Marítima de Malasia muestran a varios supervivientes recibiendo atención médica a bordo de los buques de rescate. El director de la entidad, Zulinda Romli, denunció que las redes de tráfico de personas “continúan explotando a los migrantes más vulnerables”, empleando rutas marítimas peligrosas que ponen sus vidas en riesgo.

“La Autoridad Marítima de Malasia no tolerará la complicidad con la trata de personas. Todos los implicados serán castigados conforme a la ley”, advirtió Romli.

La mayoría de los ocupantes del barco eran miembros de la minoría rohinyá, una comunidad musulmana apátrida perseguida en Birmania (Myanmar) desde la represión militar de 2017. Muchos de ellos huyeron hacia Bangladesh, donde actualmente más de 1,3 millones viven en campamentos de refugiados en condiciones precarias.

Desesperados por la falta de oportunidades y la violencia persistente en su país, miles de rohinyás intentan cada año llegar por mar al sudeste asiático, principalmente a Malasia e Indonesia. Según datos del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), entre enero y noviembre de este año más de 5.100 rohinyás emprendieron travesías marítimas desde Birmania y Bangladesh, de los cuales casi 600 han muerto o desaparecido.

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