La Unión Europea envió este lunes un mensaje contundente a Estados Unidos luego de que la nueva estrategia de seguridad nacional del gobierno de Donald Trump cuestionara la fortaleza del bloque y mostrara afinidad hacia partidos de ultraderecha en Europa. António Costa, presidente del Consejo Europeo, afirmó que cualquier intento de influir en las decisiones políticas internas de los Estados miembros es “inaceptable” y recordó que sólo los ciudadanos europeos pueden decidir qué partidos deben gobernarlos.

Las declaraciones de Costa surgieron tras la publicación del documento estratégico estadounidense, el cual fue recibido con elogios desde Moscú y marca un cambio radical respecto al enfoque del expresidente Joe Biden. El texto critica la política europea sobre libertad de expresión y migración, e incluso advierte que los países aliados enfrentan un supuesto “borrado civilizacional”, lo que generó preocupación en Bruselas por el impacto que podría tener en movimientos nacionalistas del continente.

Analistas como Fabian Zuleeg, del European Policy Centre, alertaron que el contenido de la estrategia podría estimular a fuerzas políticas que buscan debilitar a la UE “desde dentro”, mientras que llamó a los partidos proeuropeos a reconocer que la administración de Trump no se comporta como un aliado tradicional, sino como un adversario de los valores liberales del continente.

Costa insistió en que la libertad de expresión no puede existir sin garantizar la libertad de información, y advirtió contra el poder de las grandes plataformas tecnológicas estadounidenses, a las que acusó de afectar la calidad del debate público en Europa.

Desde Berlín, el portavoz del gobierno alemán, Sebastian Hille, también expresó rechazo a varios pasajes del documento, recordando que los principios democráticos y la libertad de expresión forman parte de los valores esenciales de la UE. Sin embargo, subrayó que la cooperación transatlántica sigue siendo crucial ante los desafíos de seguridad global.

El nuevo rumbo de Washington llega en un momento decisivo para Europa, que mantiene su apoyo militar y diplomático a Ucrania mientras enfrenta advertencias de sus propios servicios de inteligencia sobre la posibilidad de que Rusia pueda expandir la guerra a otros territorios europeos si logra una victoria en Kiev. Aun así, la estrategia estadounidense evita calificar a Moscú como una amenaza, lo que contrasta con la posición de la OTAN y ha generado inquietud en los principales gobiernos europeos.

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